sábado, 29 de agosto de 2015

LA CHALUPA - Relato corto S.F.


                                                    LA CHALUPA

 

            Brown volvió en sí. Se sintió ligeramente desconcertado, hasta que vio el emblema de la ISA sobre una portezuela de metal que tenía ante sí. La ISA es la Agencia Espacial Internacional.

            Examinó el habitáculo y casi se sobresaltó al ver a otros siete ocupantes, aproximadamente igual de desconcertados que él, y cuatro eran mujeres. Todos, igual que él, flotaban ingrávidos usando sus manos para mantenerse medianamente estables.

            _ Vaya, Brown, ya despertó – sonrió un joven rubio con acento ucraniano - ¿Recuerda algo? Parece que la distorsión nos afectó neuronalmente.

            _ Uff, no mucho. ¿Esto es una chalupa de salvamento? – preguntó confuso.

            _ Sí. Yo soy Piotr – se presentó el joven, y señaló a sus compañeros – Valentina, John, Miguel, Paula, Woo Li y Fiona.

            _ ¿Ustedes recuerdan algo? – preguntó a su vez.

            _ Yo recuerdo estar en un viaje entre la Tierra y Alfa del Centauro – dijo la chica llamada Fiona, una nórdica esbelta, aunque los monos de trabajo de la agencia que todos llevaban no eran ‘moda de París’. Lucía el parche de la Agencia Espacial Danesa.

            _ Algo salió mal. Yo recuerdo las alarmas. Luego nada – añadió Valentina, que llevaba el escudo de la Roskosmos rusa (POCKOCMOC) y un acento a juego con él.

            _ Está claro que logramos ponernos a salvo. Somos ocho. ¿Alguien recuerda cuál era la tripulación? – preguntó Miguel, un joven moreno de ojos inteligentes que llevaba el parche de la Agencia Espacial Mexicana en su hombro.

            _ Era de unas treinta personas, y sé que había unas cinco chalupas como ésta por toda la nave – aclaró Woo Li, una hermosa chica que lucía el emblema de la Agencia Espacial China – Si han tenido suerte, estarán a salvo como nosotros…

            _ Sí – intervino John con tono sombrío – estarán a salvo en otro tiempo y otro lugar. Viajábamos en una nave de motor Warp. Creo que la ‘pared blanca’ se nos vino encima, invadiendo la burbuja estacionaria. Recuerdo las alarmas y haber buscado una chalupa.

            _ Si la ‘pared blanca’ invadió la burbuja, desde luego eso debió romper en dos la nave, porque la pared blanca contrae el espacio tiempo, mientras que la pared oscura, tras la popa de la nave, lo dilata, impulsando la burbuja – explicó Brown, más para aclarar sus ideas que para los demás, que ya sabían todo eso. La ‘pared blanca’ es la distorsión frontal, la contracción espacio temporal. Se llama así porque aparece como un horizonte luminoso, mientras que la dilatación tras la burbuja en  la que se asienta la nave aparece como un horizonte totalmente oscuro. Se debe a que la nave viaja más deprisa que su propia imagen, más rápido que la luz y, por tanto, sólo la negrura puede seguirla. Bueno, en realidad no es la nave la que viaja rápido, sino la urdimbre espacio temporal. La nave propiamente dicha permanece ‘estacionaria’ en una burbuja mientras la ola creada por la distorsión fluye arrastrándola consigo.

            _ Si cada mitad de la nave ocupó un espacio y un tiempo diferente, eso hace trizas cualquier material – concluyó Piotr.

            Por unos instantes reinó un silencio casi sepulcral.

            _ ¿Cómo sabemos que fue la contracción temporal la que invadió la burbuja? ¿No pudo ser al revés, la dilatación? – preguntó Valentina.

            _ Sí, pudo – respondió John - pero yo recuerdo estar dirigiéndome hacia el puente de mando, en  la proa. Claro que pudo penetrar por detrás. Quizá sea así, tienes razón, Valentina. No hay forma de saberlo.

            _ Ni de saber en qué tiempo o lugar de la Galaxia estamos – añadió Paula, que llevaba el parche de la Agencia Espacial Italiana – excepto que debe ser entre la Tierra y Alfa Centauri.

            _ A menos que el desastre nos impulsara en alguna dirección a velocidad superlumínica como ya debíamos ir. No conozco ningún caso semejante, todo pudo ser.

            De nuevo se originó un largo silencio. Al fin, Valentina lo rompió:

            _ Recuerdo que las chalupas sintetizan su propio oxígeno y alimentos, y que hay un retrete en algún lugar. Podemos esperar.

            _ ¿Esperar? ¿A qué? Ni siquiera sabemos en qué siglo estamos.

            De pronto un led verde se encendió en el tablero de control de la chalupa y una onda portadora sonó en ella. Luego una voz distorsionada atronó la pequeña chalupa.

            _ Les habla el comandante Ares, de la nave estelar estándar Lung Ta, de la Tierra. ¿Me reciben?

            Paula se abalanzó sobre el micrófono y oprimió la tecla:

            _ ¡Sí, sí!, afirmativo, le escuchamos. Con distorsión, pero le escuchamos.

            _ Eso es porque estamos usando la radio de juguete de mi hijo. Es el único aparato a ondas hertzianas que tenemos aquí. Y aún suerte que la trajo para entretenerse - ¿Tienen visual externa?

            _ Negativo – respondió Paula – No hay ventanas. Espere, tenemos una pantalla de radar.

            _ ¿Un radar? – la voz del comandante Ares pareció sonar jocosa - ¡Qué pintoresco! Nunca he visto uno. Bien. Les vamos a atraer hacia la nave. Si notan movimiento, no se preocupen, es normal.

            _ Recibido, esperamos aquí. No hay otro lugar a donde ir.

 
            Efectivamente, la chalupa comenzó a adquirir inercia y volvieron a sentirse con peso, aunque ligero. Sólo que ‘abajo’ era el extremo de la chalupa situado en dirección contraria a la de su desplazamiento.

            Los ocho náufragos espaciales se sintieron felices de pronto. Una sonrisa de alivio pareció desatar el nudo que se había formado en sus estómagos. Les habían localizado pronto. No debían haber estado muy alejados de su ruta.

            La chalupa se meció durante unos minutos y luego, con un topetazo metálico, se asentó en algún suelo. Sus ocupantes habían recuperado su peso normal a 1 G.

            Unos golpes suaves sobre la escotilla les indicaron que ya podían  abrir. Sin embargo, recibieron una última transmisión confirmándolo:

            _ Aquí el comandante Ares. Están dentro del muelle de atraque y bajo presión y atmósfera normal. Ya pueden abrir.

            Soltando un suspiro, se miraron y todos afirmaron con la cabeza.

            Woo Li accionó el mecanismo de seguridad de la escotilla y esperaron. Tras varias confirmaciones manuales, la portezuela comenzó a abrirse. No hubo más que un ligero movimiento de aire: todo parecía normal ahí fuera. Se podía anular la apertura en el último momento y la compuerta se cerraría a toda prisa, pero no fue necesario. La atmósfera era totalmente normal y respirable.

 
            Cuando se hubo abierto del todo, un hombre de dos metros alargó su mano hacia ellos, tratando de disimular la sorpresa en su rostro.

            Los ocho náufragos espacio temporales no pudieron disimularla tan bien.

            El enorme comandante Ares tenía la piel violeta, los ojos azules y orejas bastante puntiagudas, y el resto de sus acompañantes eran  similares a él.

 

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