martes, 12 de noviembre de 2013

Necesitamos el gobierno de los filósofos

No porque los actuales políticos sean estúpidos, que no lo son, sino porque los filósofos, además de pensar bien, se hacen preguntas éticas y morales.
'La ciencia sin conciencia es la ruina del alma', dijo François Rabelais.

Los actuales políticos piensan muy bien, demasiado bien, pero parten de una ciega aceptación de un modelo que no supera un análisis filosófico ni ético.

Eso quiere decir que alguien hace ese análisis por ellos. Nada sucede por azar, y mucho menos en economía.

Si en lugar de ser meros cumplidores de unos presupuestos económicos, los pusieran en duda, usando esa 'duda metódica' de Descartes, quizá llegarían a horrorizarse de los métodos empleados y de los fines perseguidos.

¿Dudan los gobernantes que nunca han cogido el metro? Rodeados de ministros y 'consellers' acomodados, de determinada clase social, ¿dudan si estarán viviendo un mundo ficticio, a medida de los intereses de esa clase dominante?

¿Dudan las clases reales, que nunca han cargado un camión, ni pasado el mes con seiscientos euros, si sus motivaciones son morales?

¿Dudan los tecnócratas que nunca han conocido lo que es una huelga, ni han dado nada de sí mismos para ayudar a otros, si el mundo en el que creen que viven es el mundo real?

Llego a pensar que el problema es que nuestro mundo, el de la inmensa mayoría del género humano, les parece un mundo inadecuado, así que ya no dudan, no se plantean si el suyo (que se sostiene sobre el nuestro) puede sobrevivir a nuestra ruina.

Filósofos que duden, que prefieran comer lentejas todos los días que contentar al emperador, es lo que necesitamos.

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