jueves, 28 de junio de 2012

Golpe de Estado en Paraguay. Artículo. ('Las botas están guardadas, pero el peligro es el mismo' escribe Rodrigo Lloret, Diario Perfil)

En la sección de Política del Diario Perfil he encontrado este artículo, que aclara los acontecimientos sucedidos en Paraguay en los últimos días.
Resumiendo, al presidente Lugo se le aplicó un procedimiento recogido en la Constitución para destituirlo, pero las circunstancias parecen señalar a una maniobra golpista 'de facto', si bien con apariencia de legalidad, para aupar a un  tal F. Franco (siglas de infausto recuerdo en España, pero en este caso se trata de Federico, y no de Francisco).
Se ha dicho públicamente que cientos de asesores norteamericanos han entrado en Paraguay a través de un país vecino, pero no tengo confirmación, si bien la fuente es fiable.
Naturalmente, la izquierda mundial considera que la mano del imperialismo está detrás y los intereses de cierta compañía multinacional.
Mejor copio el artículo, espero que sin lesionar los derechos de propiedad de nadie, ya que cito fuente y enlace (y en ese diario habrá más artículos que leer, supongo, así que le hago publicidad gratuita).


Política

Paraguay y los nuevos golpes de Estado, por Rodrigo Lloret

Una columna que aborda los nuevos mecanismos para alterar el orden constitucional en América Latina.

Ver Comentarios (8)  

Por Rodrigo Lloret (*) | 25.06.2012 | 20:07




“El significado y la expresión ‘golpe de Estado’ ha cambiado
con el tiempo (…) Presenta diferencias que van desde el
cambio sustancial de los actores (quién lo hace) a la forma
misma del acto (cómo se hace).”

“Diccionario de Ciencia Política”, de Bobbio, Matteucci
y Pasquino (1981).

Los hechos sucedidos este fin de semana en Paraguay
fueron tan vertiginosos que el impacto le ganó al análisis
y la sorpresa triunfó sobre la mesura. Pero que no queden
dudas: en Paraguay se concretó el primer golpe de Estado
de los nuevos golpes de Estado que sufrió Sudamérica.

¿Es posible hablar de interrupción del proceso democrático
cuando fue el propio Parlamento el que destituyó a Lugo?
¿Se violó la Constitución a pesar de que es la propia
Constitución la que ordena los procedimientos utilizados?
¿Acaso el presidente no fue expuesto a un proceso institucional
llevado a cabo por legisladores que fueron elegidos
democráticamente? Todas las respuestas son afirmativas,
pero no alcanzan a negar un hecho irrefutable: a Fernando Lugo
lo destituyeron sin posibilidad de defensa, en un curioso proceso
judicial que de derecho, sólo guardó las formas, y de hecho, no se preocupó por el fondo.

El impeachment iniciado contra Lugo tenía que ser llevado a cabo.
El ex presidente debía dar explicaciones por la masacre de 17
paraguayos asesinados en medio de una feroz represión a
campesinos que habían tomado tierras. Aunque sea cierto que
Lugo sufrió un complot, como juran sus asesores, el ex obispo
estaba obligado a dar cuentas sobre lo que hizo y lo que no hizo.
La represión de la protesta social no tiene ideologías, pese a
quien le pese.

Pero un proceso en el que se jugaba el futuro de la Presidencia
de Paraguay, nada más ni nada menos, no puede durar 48 horas.
Sólo los canallas o los impunes pueden justificarlo. Es en ese
atropello de irresponsabilidad cívica donde se evidencian los
 rastros del golpe que sufrió Lugo.

En su ya célebre Diccionario de Ciencia Política, Norberto Bobbio,
Nicola Mateucci y Gianfranco Pasquino explican que los golpes
de Estado han cambiado su metodología en los últimos siglos.
Pero recuerdan que siempre se mantuvo un mismo componente:
la violencia. Es un fenómeno presente desde el famoso Coup de
E’tat de Luis Bonaparte en 1851 –golpe por antonomasia, que
produjo el El Dieciocho Brumario de Carlos Marx–, hasta los
más cercanos y sangrientos golpes latinoamericanos efectuados
en el Siglo XX, en los que los ejércitos tenían un rol fundamental.

La ausencia del componente violento en el golpe paraguayo
(fue llamativa la pasividad de Lugo para aceptar los hechos)
puede haber generado alguna incertidumbre. Y la falta de tanques
entrando a Asunción terminó de crear el marco de confusión.
Pero lo cierto es que en Paraguay se inició una nueva etapa de
golpes –“neogolpismo” la bautizó el profesor Juan Gabriel
Tokatlian–, mucho más peligrosa: las botas están guardadas,
pero el peligro es el mismo.
La Cumbre del Mercosur, que se inicia el viernes, está
dando un paso positivo al ponerle límites al nuevo gobierno
de Federico Franco. La Unasur también debe utilizar su
“cláusula democrática” para dejar las cosas en su lugar.
La democracia regional está en juego. Y con eso no se juega.


(*) *Editor de Internacionales del diario Perfil. Coautor de “Viaje al fondo del mundo”. @rodrigo_lloret





http://www.perfil.com/contenidos/2012/06/25/noticia_0030.html

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