viernes, 27 de abril de 2012

Estoy escandalizado.

Lo estoy, como la mayoría de los demócratas de este país, como la mayoría de los demócratas de este mundo, desde la plaza Sintagma hasta Wall Street, desde la plaza Tahrir hasta la plaza de la Bastilla. Desde el Congo hasta Camerún.
Pero concretamente los de 'este país' donde habito. Un país que vivió momentos en que más de cuatro personas eran una manifestación ilegal, en que repartir octavillas de la asociación de vecinos en catalán te hacía merecedor de una paliza. Un país donde l@s Sindicalistas iban a la cárcel por el mero hecho de serlo.
Un país al que estamos volviendo. Un país en que malversar millones de euros te lleva a declarar, pero quemar unos papeles frente (no dentro) de la Bolsa de Barcelona te lleva directamente a la cárcel sin fianza. Donde ser detenido ejerciendo el derecho a manifestarte y protestar te puede llevar a prisión, a ser acusad@ de 'resistencia a la autoridad'.
Donde asesinar a una chica y quemar su cadáver te lleva a reality shows, pero sentarte en la terraza de un bar frente a (no 'en') una manifestación te deja tuerto. Sin que nadie pague.
Un país donde eres declarado culpable sin demostrar nada, de unos hechos que ocurrieron sin tu consentimiento ni tu colaboración, pues los miles de manifestantes no son responsables de los actos particulares de algun@s de ellos.
Se ha conculcado el principio de responsabilidad personal. Yo soy responsable de mis actos, no de los del vecino, ni los de mis compañeros de manifestación. No se puede extender la culpa como si se tratara de aceite.
A menos que se esté en una Dictadura, claro.
Los que hemos vivido los tiempos del 'anterior Régimen' (La Dictadura franquista, para hablar claramente y con precisión) sabemos discernir cuándo se está caminando decididamente hacia un Estado totalitario, donde los intereses de l@s poderos@s son Ley, donde el Dinero es el que manda y lo justifica todo: la ausencia de Seguridad Social, la expulsión de emigrantes, la cárcel para quienes ejercen su derecho a la protesta...
El problema es que ese Estado totalitario se extiende desde la plaza Sintagma hasta Wall Street, desde la plaza Tahrir hasta la plaza de la Bastilla. Desde el Congo hasta Camerún. Este Estado totalitario se llama Planeta Tierra.
Cuando se aceptó como normal y natural el hambre y la guerra en África, se pusieron las bases para la existencia de ese Estado totalitario.
Cuando se toleró la injusticia siempre y cuando no nos salpicara a nosotr@s, aceptamos 'de facto' la posibilidad de que un día quienes muriéramos de hambre algún día fuéramos nosotr@s.
Ahora Don Dinero, el Amo del Mundo, ha decidido que el Derecho a la Sanidad y la Seguridad Social es una patochada y que protestar es de delincuentes.
Que el mandato de las Naciones Unidas de velar por el derecho a un hogar digno para las familias está subordinado a las ganancias de las financieras y las inmobiliarias.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Hola. Puedes escribir tu opinión. Por favor, se respetuoso. Es un intercambio civilizado.