lunes, 5 de septiembre de 2011

Aquellos momentos en que escucho de nuevo las canciones...



Estas dos canciones de Lluis Llach son entrañables para mi, y una parte importante de mi generación barcelonina.

Simbolizan la aspiración a una plenitud emocional que me estuvo negada.
Una sensibilidad excesiva, exacerbada por la carencia.

Tardes grises de lluvia, camino del colegio, viendo pasar el interior de los autobuses iluminados llenos de chicas que parecían felices, o melancólicas.

Tardes frías en las que se me encogía el ánimo.
Y el ánima.

Aprendí a encontrar dentro lo que fuera se me negaba, pero eso me convirtió en éste que soy ahora.
El pasado está pasado, nunca volverá. No se puede recuperar el fruto perdido, pero se puede construir un futuro, se puede encontrar nuevos caminos.

Ya no siento aquella tristeza, y cierta plenitud ha llegado a mí, no sólo a los sentimientos, también al alma.
Pero en ciertos momentos, en esos en los que desearía ser un gran escritor de éxito, en esos en que desearía ser mejor y más alegre, más capaz... en que lamento aquella tristeza. Lamento no haber sido capaz de ser mejor entonces. 
En esos momentos escucho de nuevo esas canciones y siento una gran alegría. 
Nada se perdió entonces.
Nada se pierde nunca.

Sólo nos hace más fuertes.




Lluis Llach tiene su ideología muy clara. Yo tengo la mía, pero está claro que somos un poco fruto de nuestras raíces y circunstancias. Como dijo el filósofo, Uno es él y también sus circunstancias.

Esas fueron las mías. Y las de mi generación.

Ahora soy diferente. Y estoy escribiendo una nueva novela.... ¡Uau!.

Hay que salir de la tristeza en que nos sumergieron a base de canciones y películas, de circunstancias penosas, y descubrir que la vida puede ser luminosa y buena.

¡Salud y Prosperidad!



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