lunes, 16 de mayo de 2011

Mi primera novela

Fue de Ciencia Ficción. Trataba de una chica huérfana que efectuaba transportes en una vieja tartana espacial, y de un 'perseguidor', un asesino que buscaba a un viejo tirano genocida que había matado a toda su familia en una cruel guerra estelar. Se enamoran, pero al estilo seco y austero de los pioneros del espacio, y terminan con el tirano en una acción en la que participan naves espaciales, que se hacía pasar por muerto pero estaba creando un entramado económico para volver a organizar su Imperio. La chica se llamaba Delia Omega. Nunca registré ese relato.



Después hice Meditación Trascendental y pertenecí a una Comunidad de Base católica, Aikido, Katsugen Kai, tuve amigos, nos separamos, aprové una oposición, me casé, milité en algún extraño grupo, me salí. Leí Filosofía Mística de todo tipo, estuve en un Sindicato, ahora estoy en otro, he meditado con los Tibetanos. He colaborado como técnico en varios programas de Radio, en una pequeña, en Sants, y en una radio comarcal en la que estuve como voluntario (gratis), en un grupo de divulgación paranormal.


Mi vida es una especie de paréntesis perpetuo, una búsqueda de mi lugar. Poco a poco me voy haciendo a la idea de que quizá eso no existe. Pero mi vida va mejorando poco a poco. Quizá el problema estaba en mí, en mis sueños e ilusiones. O en mi falta de perseverancia. Quizá el lugar al que pertenezcas no está escrito, sino que hay que ganárselo.



Ciencia Ficción: ese fue el primer género que me gustó. Crónicas Marcianas, 2001, Odisea del Espacio, El verano del cohete... Mi padre tenía una serie de relatos cortos, todos muy buenos. Y yo compré algunos más: 'En este momento de la tormenta', me encantó. Y luego vinieron Yo Robot, y la saga Fundación, Fundación e Imperio, Segunda Fundación... Leí a H. G. Wells, Arthur C. Clarke, Stanislaw Lem, y demás. De los relatos cortos había una larga lista de autores muy buenos, pero de quienes no recuerdo el nombre. Había, en esos años, una vena poética muy fuerte en la Ciencia Ficción (SF). Eran, curiosamente, los años de Roswell, de Adamski, de Ultimatum a la Tierra, el principio de la carrera espacial, y eso marcó a mi generación, al menos a algunos. En España fue la época del final del franquismo, la utopía de que la Democracia traería tiempos mejores (y no Tiempos Modernos, como la película de Charles Chaplin.) Al fin llegaron tiempos modernos, y no tiempos mejores, cerraron miles de tiendas pequeñas para que las grandes superficies pudieran pagar muchos impuestos, y por fin nos dimos cuenta de quién manda en este mundo, ya sea en un régimen o en otro. Ya lo dijo Quevedo, y eso son buenas referencias: Poderoso Caballero es Don Dinero.

Ahora hay una crisis de aquí te espero, y también nos hemos dado cuenta de que el Dinero no es buen Caballero, no tiene código ético ni honor, ni le importa nada. Siembra centrales nucleares y misiles, y tanto le da. Provoca guerras en el Tercer Mundo (Mercurio (1), Venus (2), Tierra (3)... nosotros todos somos el Tercer Mundo) sólo para abrir mercados, y le parece bien que enfermemos para poder vender las medicinas de las multinacionales.

Bueno, ahora lo sabemos. Y eso establece la diferencia.

Creo firmemente en las Naciones Unidas, pero está claro que nos falta un largo camino para que sea un referente puro y ético, al margen de las miserias del Dinero y el Poder, y represente de verdad al Pueblo de la Tierra, y no a los grupos corruptos de poder que se dicen representantes de los ciudadanos de la Tierra.

Por favor, pequeños seres grises (o altos seres rubios), no negocieis con ellos, o esto será un desastre. O si negociais que sea para asegurar que el desarrollo y el futuro sean para todos y todas.

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